Algunas consideraciones acerca del idioma inglés.
Antes de emprender tu capacitación, es útil conocer ciertas características del idioma inglés, algunas de las cuales comparte con el español. Pocas descripciones son tan claras y acertadas como la que se encuentra en la introducción al libro más famoso de Patricia T. O’Conner, Woe Is I: The Grammarphobe’s Guide to Better English in Plain English, un manual de supervivencia para quienes buscan comprender esos misterios y matices del idioma que nos frustran a todos, a través de explicaciones sencillas y sin jerga técnica innecesaria.
Patricia T. O’Conner es una escritora y especialista en gramática y uso del inglés de reconocimiento mundial, que combina su labor de editora, periodista e investigadora con una vocación docente poco convencional. Autora de varias obras de divulgación lingüística, ofrece herramientas de referencia claras y accesibles para escritores y estudiantes, gracias a un estilo directo y riguroso pero sin olvidar su sentido del humor. Su enfoque práctico, actualizado y flexible, junto con su visión del inglés como un sistema vivo en constante evolución, convierte su trabajo en un recurso valioso para explicar las diferencias sutiles del idioma y enseñarlo de forma realista acorde al uso moderno.
A continuación, su traducción1:
“Todos nacemos con la facultad de adquirir y desarrollar el lenguaje; está en nuestra naturaleza. Para cuando descubrimos lo que es, ya lo tenemos incorporado. Los niños pequeños no reflexionan acerca de las palabras: simplemente hablan. La gramática, ese conjunto de reglas mutables que orienta el uso de las palabras hacia formas aceptadas por todos, surge más tarde. Pero las leyes gramaticales van y vienen. El inglés actual no se parece al de hace un siglo atrás, ni será igual dentro de cien años más. Creamos reglas cuando las necesitamos, y las descartamos cuando dejan de ser útiles. ¿Y cuándo son realmente necesarias? Cuando el mensaje se distorsiona y la comprensión entre nosotros se quiebra.
Si el lenguaje fuera perfecto, eso nunca ocurriría, por supuesto. Pero el idioma perfecto no existe. Bueno, en realidad, sí existe…; son los llamados lenguajes racionales —como el Esperanto o el Eliza, procesado por computadora—, creados para ser lógicos, razonables, con sentido, fáciles de hablar y de deletrear. Y adivinen qué: son tan faltos de gracia como la masa de panqueque. Carecen de la excentricidad, de la ambigüedad y de las irregularidades problemáticas que hacen que las lenguas naturales sean tan cambiantes y exasperantes —y tan maravillosas a la vez. Maravillosas en el sentido literal: llenas de asombro, de sorpresas, de poesía y de encanto inesperado. Si el inglés no fuera tan flexible ni tan impredecible, no habríamos tenido a Lewis Carroll, al Dr. Seuss o a los Hermanos Marx. Intenta, si puedes, contar un chiste “toc-toc”2 en latín.
Sin embargo, pagamos un precio por la poesía. El inglés no es fácil —comparado con otros idiomas—. Nació hace mil quinientos años, cuando tribus germánicas (principalmente anglos y sajones) invadieron Britania, una tierra celta ya colonizada por los romanos. Aquel guiso lingüístico anglosajón se fue mezclando con grandes cucharadas de francés, italiano, español, alemán, danés, portugués, holandés, griego y, por supuesto, más latín. En pocos siglos, el inglés se convirtió en un caldo extraordinariamente rico. Hoy se cree que posee el vocabulario más amplio de cualquier idioma moderno, y continúa creciendo. ¿De verdad nos sorprende que sus reglas sean un poco extrañas?
Aceptémoslo: el idioma inglés es raro. Personas brillantes, instruidas, que dominan la tecnología, capaces de manejar una hoja de cálculo con los ojos cerrados, dicen cosas como:
“Come to lunch with the boss and I.”
“Who forgot their umbrella?”
“Before the age of two, a mother’s place is in the home.”
Cada una de esas frases contiene un error garrafal (si no los notas, consulta los capítulos 1 y 7). Algunos se han vuelto tan comunes que hasta suenan bien. Y, en algunos casos, se consideran correctos: lo que antes era un error hoy puede ser aceptable, incluso preferible. ¿Cómo deberíamos entender todo esto?
[…]La mayoría de nosotros no distingue un gerundio de un gerbo3 —ni falta que hace—, pero aun así quisiéramos hablar y escribir como si conociéramos la diferencia. La gramática tiene sus misterios, y cada uno tropieza con los suyos. Algunas personas muy inteligentes confunden los pronombres, y he conocido mentes brillantes que no saben deletrear. Muchos desconocen la diferencia entre it’s e its, y otros hacen todo lo posible por evitar el uso de las comillas.[…]
Un último consejo antes de que te sumerjas en la lectura: el diccionario es una herramienta maravillosa, y todo el mundo debería tener al menos uno. Sin embargo, el hecho de que una palabra aparezca en el diccionario no significa que sea correcta o “aceptable” en inglés. El rol del diccionario es describir cómo se usan las palabras en una época determinada. Incluye significados formales o estándar; pero también ofrece las formas no estándar, las coloquiales, dialectales, regionales y las que pertenecen al lunfardo, entre otros usos actuales. Un diccionario te dirá, por ejemplo, a qué nos referimos con palabras como restaurateur e irregardless —dos palabras impostoras, como verás—, pero dudo que quieras pasar vergüenza usándolas. Compra un diccionario estándar —hay varios recomendados en la bibliografía— y no te saltes la letra chica.
A veces, hasta los más expertos se desesperan ante la complejidad de usar el inglés correctamente. Créeme: vale la pena el esfuerzo. Quizás la vida sería más sencilla si todos habláramos latín; pero son las rarezas, las sorpresas, y esa naturaleza siempre cambiante del idioma inglés lo que distingue a una lengua que respira… de otra que ya no lo hace.”
Y ahora, te doy la bienvenida a Language Bridging®. Que disfrutes de la travesía.
1NT: Por motivos de claridad y pertinencia, se ha decidido omitir una oración y un párrafo
del texto original, que no contribuyen directamente al objetivo de esta publicación.
2NT: Un chiste ‘toc-toc’ (knock-knock joke en inglés) es un tipo de chiste muy común en Estados
Unidos.
Sigue siempre el mismo formato: alguien dice ‘Knock, knock’, la otra persona responde ‘Who’s there?’ (‘¿Quién
es?’)
y el chiste se resuelve con un nombre o una palabra que permite crear un juego de palabras.
3NT: Un gerbo es un pequeño roedor (gerbil en inglés). La autora establece un juego de
palabras basado en la semejanza fonética entre gerbil y gerund (gerundio), de ahí que
algunas personas no distingan la diferencia si desconocen la función y el significado de cada
una de estas palabras. La comparación, deliberadamente absurda, ilustra con humor cómo algunas
personas pueden confundir términos lingüísticos, pese a su deseo de hablar y escribir
correctamente en inglés.